domingo, 13 de mayo de 2018

¿QUÉ DIRÁ EL SANTO PADRE QUE VIVE EN ROMA?


  TEMA  DE  FORMACIÓN  MES  DE  MAYO  DEL  2018.

SANTUARIO DE LO VASQUEZ CHILE
La dramática noticia de la explosión de la Clínica Alemana en Concepción llevó a remecer un amplio sector de esa ciudad, la cual se expandió –también-  a nuestra conciencia e imaginación. Todos vamos a un centro medico por una necesidad, porque algo falla en nuestra salud. Y al llegar a centro médico prácticamente comienza nuestra recuperación porque de la inseguridad de una enfermedad pasamos a la certeza de repuntar en ella estando allí.

Pero, que acontezca que en un lugar hecho para restablecer la salud,  encontremos la muerte, el dolor y la inseguridad es algo simplemente impensable.

De la misma manera acontece con lo vivido en parte de algunas comunidades de la Iglesia en Chile en estos días, meses y años recientes. Los niños y jóvenes, enviados por sus padres para “estar sanos” de alma encontraron dolor, daño y angustia en el lugar, en un ámbito, en una realidad en la cual  debía existir lo mejor, evidenciando con esto que “la corrupción de lo mejor es la mayor”.

Conocedor de la naturaleza humana debilitada en virtud de su primera incursión,  el demonio  sabe golpear y dañar donde más afecta y duele, y se es particularmente débil. Precisamente,  el ensañamiento se verifica –especialmente-  ante lo que se muestra esperanzador, puro, y sano. ¡Qué más que la inocencia de la infancia y juventud! Allí, una bomba detonó con fuerza en medio de nuestra Iglesia. En Fátima y otros lugares algo… ya se anunció…

El diagnóstico es común. Lo que está mal debe ser reconocido y reparado. No hay posibilidad para el resquicio, el discernimiento o la interpretación.  Ahora, la única oportunidad que se debe dar es al reinado de la verdad y a la certeza que lo mal hecho no vuelva a repetirse

Para ello, se requiere un cambio que no ha de ser presentado como un simple “avance” o una “breve renovación cosmética” sino al retorno de lo esencial que es descubrir el fin para lo cual existe la Iglesia y el sentido para lo cual Cristo instituyó el sacerdocio. Sin la mirada puesta en el afluente –que es Cristo- jamás habrá nuevamente ríos de gracia y bendición y, por cierto,  seguirán las suspicacias y desconfianzas que aumentarán de manera exponencial.

CAPILLA SEMINARIO LO VÁSQUEZ
Pretender que nuestra Iglesia y sus sacerdotes permanezcan esclavizados a los vaivenes de los tiempos, a las modas y convencionalismos es claudicar ante los encantos del mundo.

Una Iglesia servil al secularismo resulta tan nociva como una iglesia obsecuente al clericalismo. Sintonizar con Cristo conduce a sintonizar su obra redentora con el mundo y la sociedad de hoy, que requiere con urgencia de comunidades y de consagrados tan convencidos como convincentes.

¿Alguien piensa que el edificio de aquella clínica alemana penquista que voló por los aires pueda ser implementado (restaurado)  por medio de la misma forma, similares procedimientos, iguales materiales y personas que llevaron a su total colapso?

a). No más lobby eclesiástico: En los nombramientos de nuevos obispos no se debe permitir que el lobby entre pastores silencie la voz del Espíritu Santo, manifestada en la posterior decisión del Romano Pontífice. ¿El Santo Padre es quien elige o ratifica? Sin duda,  a lo largo de la historia de nuestra Iglesia, hubo circunstancias que permitieron que algunos príncipes del mundo y de la Iglesia hayan rivalizado en los nombramientos episcopales. Quienes hoy apuntan la presencia de un número importante de Obispos “cuestionados” de la Iglesia en Chile, olvidan –quizás, sin saberlo- que estos fueron presentados un día por “otros” obispos que los prepararon y promovieron al episcopado. En lenguaje nuestro: Hay que presentar la sandía entera, y no ofrecer la “sandía calada”.

b). Con formación parroquial: En lo inmediato, los obispos deben tener una vida espiritual y pastoral experimentada, ojala lo más diversificada posible, evitando que sean “expertos sólo en el metro cuadrado de sus habilidades” olvidando que es la vida parroquial la que con mayor propiedad suele “centrar” al sacerdote llamado a pastorear y ser pastoreado.

Una antigua religiosa experta en psicología solía recordar que es la parroquia la que “pule” a los sacerdotes, permitiéndoles construir una red que inhibe con mayor fuerza del espíritu disipado, obtuso y academicista que cuela egoísmos y  parcialidades que están en el origen de tantos errores y horrores como los que hemos visto en las últimas décadas.

PARROQUIA PUERTO CLARO
c). Pastor que conozca todo su rebaño: La misión del obispo es poseer verdaderamente en su corazón a todos los sacerdotes de su diócesis, evitando tener “grupos de amigos que terminan eternizándose en los cargos diocesanos.

La “mirada amplia” no sólo puede darse con quienes están en la otra vereda de la vida de nuestra Iglesia sino que primero ha de extenderse a los que caminan en la propia. También, aquí es válido asumir que “la caridad parte por casa”.

A este respecto, la visita pastoral del Pastor a las comunidades puede ser un camino eficaz para que cada cierto tiempo, al menos, cada obispo diocesano verifique el caminar de sus comunidades en primera persona, y no por sola referencia de terceros que pueden distorsionar la realidad en virtud de intereses e ideologismos muy particulares.

d). Sacerdocio pleno y misionero: Hay una frase bíblica: “Nadie es bien recibido en su casa”: La elección del episcopado que se avecina, que algunos se han aventurado en cifrar a casi un tercio de su totalidad, sería conveniente que diese paso a la designación de los nuevos purpurados enviándolos a comunidades lejanas a las de su tierra de origen.

Al mejor sacerdote de Arica hacia el otro extremo del país y viceversa, esto con el fin de evitar que cualquier tentación de loobismo impere, y que haya consagrados más interesados en figurar para ser promovidos que en servir y amar a sus propias comunidades. Hay sacerdotes que casi son presentados –por la prensa y otros medios- como candidatos permanentes al episcopado, y en eso se les va la vida…también, la de sus comunidades. El “carrerismo” anestesia la vida de cualquier comunidad, esterilizando la creatividad, amagando la piedad y eclipsando la caridad. El obispo no debe buscar colocar “su” sucesor, sino que tendrá como su mayor corona a los que se esmeren por alcanzar la bienaventuranza eterna. Con urgencia se necesitan sacerdotes santos,  no sacerdotes promocionados. Hacia allá deben tender los esfuerzos, prioridades  y perspectivas de la vida pastoral.

e). Formación integral de la fidelidad: La revisión de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis referida a la formación de los futuros sacerdotes: Los seminarios y centros de formación de religiosos alguna responsabilidad tienen en todo esto. Que un diamante en bruto que es toda vocación sacerdotal termine pulverizado implica un proceso formativo fracasado, como lo es el de la llamada “autoformación”. Reconociendo que la relación causa-efecto no tiene exactitud matemática tratándose de la relación entre personas, sin duda se ha de reconocer que en los procedimientos, en las acentuaciones y silencios  formativos, han tenido alguna consecuencia en el desastre que ha significado el tema de los abusos hacia personas vulnerables al interior de nuestra Iglesia en Chile.

f). Amplia perspectiva del magisterio: Una mayor vida espiritual, una más fiel enseñanza tomista para ordenar el pensamiento, especialmente en los primeros años de formación, una visión integral a las enseñanzas pontificias contextualizadas con la viva tradición de dos milenios, un procurar conocer de primera fuente y cotidianamente todas  las enseñanzas del actual pontífice no –simplemente- por lo que le interesa destacar a la prensa, todo ello es una urgencia en la formación de las futuras vocaciones.

g). No desdeñar la persecución: Es importante que los sacerdotes y los obispos no teman a que arrecie la incomprensión en su futura predicación. Todo indica que ello aumentará, pues más cerca del fin que del comienzo andamos. Así lo dice el mismo Jesucristo. El Credo de los Apóstoles  no contiene ningún párrafo afín a la democracia, por lo que no son las urnas las que deben guiar el anhelo de una cultura católica.  El retorno a lo esencial pasa por vivir fielmente consagrados a la causa de Cristo y su Reino, ello  es un imperativo, pero no lo es el servilismo de las  causas del mundo y de sus poderes.

h). Clara información de los bienes de la Iglesia: Se hace necesario transparentar de una manera más adecuada las finanzas de los obispados y congregaciones de religiosos, pues los fieles al estar mejor enterados de todos los haberes y gastos se sentirán exhortados a colaborar en un grado de mayor compromiso y generosidad, asumiendo tareas importantes en la generación y administración de los recursos que eventualmente se dispongan.

La comunión de los bienes de las primeras comunidades debe vivirse también en nuestro tiempo, evitando que los sacerdotes tengan un acceso desmedido de los bienes, lejano a lo que poseen los fieles de su entorno en general.

i). # Modo pobreza verdadera: El “estilo de vida” sobrio implica no sobresalir del medio en que se desenvuelve habitualmente. Una Iglesia pobre para los pobres exige austeridad entre los consagrados, no como una máscara o disfraz que se usa ocasionalmente para aparentar,  esgrimiendo las consabidas consignas del liberacionismo,  sino como el “modo” que permanentemente han  procurado llevar los Santos a lo largo de su vida.

Muchos de los males del clero que ha sido infiel a sus promesas sacerdotales han comenzado por el acceso a una vida que, en su niñez y juventud ni soñaron siquiera llegar a poseer. De algún modo, el demonio amarra los ideales con el dinero para luego desatarlo por medio del desenfreno de las pasiones.

Los casos más crueles de abusos a menores han sido ejecutados por parte  de quienes un día fueron revestidos de poder y de recursos ilimitados, gozando de bienes perecederos olvidaron el valor de aquellos bienes que no perecen. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero si termina perdiendo su alma?

i). Descubriendo el primer amor: Cualquier análisis que se haga de los casos de sacerdotes condenados por la justicia civil y eclesiástica en Chile, no podrá negar que en el origen de aquellos pecados y delitos hubo una cadena ininterrumpida de claudicaciones, de rebajas, y de proyectos egoístas, donde el estilo de vida de los presbíteros al que la Iglesia un día invitó fue mutilado paulatinamente hasta quedar en una triste realidad casi totalmente secularizada, donde con el leguaje del mundo procaz, con el alma ya insensibilizada hacia la trascendencia y piedad, con el despojo del hábito talar pregonero de una total consagración mutado en la comodidad de una moda pasajera, se fue insensibilizando al amor de Dios y el prójimo  cediendo a más los bajos instintos. En el amanecer de la sublime  vocación consagrada dejando nada por Todo, terminan con el paso de los años olvidando Todo por nada.

              PADRE JAIME HERRERA MAYO 2018

Cuánta verdad en aquello  que enseñaban los antiguos seminarios al momento de advertir sobre los riesgos que entraña la tibieza en la vida de sus futuros consagrados: “pobreza mitigada, obediencia dialogada y castidad compartida”. ¡Resulta impresionante como este slogan del liberacionismo se verifica en la actualidad! Ningún esfuerzo será suficiente para pregonar la necesidad que nuestros seminaristas, sacerdotes y obispos encaminemos nuestros mejores esfuerzos por el retorno a lo esencial.  

Lo anterior, tal como acontece en la vida de quienes se aman, resulta necesario en medio del caminar. Recordar las vivencias del inicio de una vida,  no implica un retroceso sino que, más bien,  constituye el impulso necesario para que los pasos se den con seguridad, sabiendo que la voluntad de Dios no se cumple por un irrefrenado anhelo de progreso, de avance ni de renovación, pues Cristo, como ideal del sacerdote y consagrado, es el mismo ayer, hoy y siempre.
¡Que Viva Cristo Rey!





   

viernes, 11 de mayo de 2018

“NUESTRA MADRE DEL CIELO Y DE LA TIERRA”


 HOMILÍA  DÍA  DE  LA  MADRE   /   MAYO  DEL  2018.

En medio de las celebraciones de este tiempo pascual, nos reunimos para celebrar el Día de la Madre, que coincide –en esta oportunidad-  providencialmente con la Festividad de Nuestra Señora de Fátima, cuya imagen hoy luce especialmente engalanada, toda vez que hace ciento un años atrás se apareció en la localidad de Cova de Iría en la aldea de Fátima (en Portugal) a tres niños: Francisco, Jacinta y Lucía. Ellos un día vieron sobre el tronco de una encina, la imagen de la Virgen lo cual les cambió la vida de una vez para siempre.

PARROQUIA PUERTO CLARO
Como San Pablo ante Jesús camino a Damasco, los niños ante la Virgen en Fátima tuvieron un cambio de vida, que pasado un siglo está plenamente vigente para quien desea ir a Jesús por medio de María.

1.     La Madre en la formación espiritual y moral.

La Santísima Virgen les muestra una visión de cómo sufren los condenados al infierno, ello sólo lo hace luego de haberles instruido convenientemente sobre la bienaventuranza prometida que alcanzarían al estar en el Cielo. Esa Promesa les hizo sobreponerse al horror y pavor que les dio aquella fuerte imagen.

Vemos con ello cómo la Virgen ejerce un aspecto del don de la maternidad advirtiendo y “rayando bien la cancha” a sus hijos predilectos a los cuales escogió para manifestarse. Exigida por la misericordia que lleva a practicar la obra de misericordia de enseñar al que no sabe y corregir al que yerra, como niños aun, pero  con un alma adulta para conocer lo referente a la salvación, les hizo tomar conciencia del riesgo de condenarse y de la grandeza de estar con Dios, no ya por un tiempo limitado sino para siempre.

En la actualidad, con no poca frecuencia  se confunde la bondad con la complicidad; la exigencia con la dureza; la cercanía con la tibieza; olvidando que la mayor grandeza de la mujer que ha recibido el don de la maternidad es  ser el rostro visible de Dios que, por cierto,  va más allá de una amistad.  

Por desgracia, muchas teorías favorables a la empatía terminan sepultadas por un silencio conformista  al momento de exigir, de promover, de corregir que son funciones propias de una madre. ¿Quién mejor que ella pueda saber dónde acentuar los aspectos referidos a la formación espiritual y moral en los hijos?

CERRO TORO VALPARAÍSO CHILE

2.  Fortalecer la voluntad y el espíritu de sacrificio.
Un segundo aspecto, es que la perdida de la fe constituye un mal mayor que cualquier holocausto nuclear, pues la muerte muerta es para siempre estar al margen de Dios y la muerte que conduce a la Vida es un paso para permanecer junto a Él siempre.

Las “llamas extendidas por el mundo entero” que les dijo la Virgen María  a los tres niños videntes,  según refiere el tercer secreto, no son sino el ardor, la angustia y el hambre que padece un mundo alzado al margen de Dios, que no acaba de descubrir que la única seguridad y la más segura confianza sólo tienen su fundamento en buscar, encontrar y amar a Dios y su obra. Sin duda, la Virgen Santísima invita a hacer “penitencia” y “oración” con el fin  que,  por medio de una seria vida espiritual,  cada hijo de la Iglesia crezca en virtud, en perfección y en santidad, lo cual toda madre que ama a sus hijos anhela sobre todas las cosas.

El éxito profesional, la realización personal, la salud individual son elementos muy importantes, pero son medios que no nos pueden hacer olvidar que habiendo sido creados por Dios, nuestro “corazón estará e inquieto mientras no descanse en Dios” (San Agustín de Hipona). ¡Ahí está nuestra felicidad!

Las madres son las que mejor comprenden aquella pregunta que un día hizo Nuestro Señor: “¿De qué le sirve al hombre ganar al mundo entero si pierde su alma?  (San Mateo XVI, 26). Los poderes del hombre nunca sobrepasarán la omnipotencia divina, por tanto,  el espíritu de sacrificio las madres lo pueden enseñar en primera persona porque nadie mejor que ellas saben lo que implica llevar en su vientre durante nueve meses a su hijo, al cual,  no sin dolor,  dan a luz para luego,  cobijarle entre sus brazos y corazón.

En la actualidad todo se quiere obtener de manera  “rápida y fácil”, extendiendo la gratuidad incluso al plano moral y espiritual,  con lo que se termina no valorando lo que ningún esfuerzo ha costado obtener, por eso se deprecia con ligereza aquello que gratuitamente se ha recibido.  

Aquí las madres tienen un papel insustituible en orden a incentivar con ternura el espíritu de sacrificio de sus hijos, lo cual les servirá para -en el futuro- sobreponerse a la crudeza y desafíos que implica la vida.

Por esto, la Virgen María les dijo a los niños de Fátima: “Haced penitencia”, aprendiendo a ofrecer a Dios todos padecimientos los cuales “completan los sufrimientos de Cristo en la cruz para bien de su cuerpo que es la Iglesia” (Colosenses I, 24-28)).  Los niños deben saber que las cosas que más valen en  la vida son aquellas que más ha costado obtener.

En todo plano en que estemos: Escolar, deportivo, amistoso, y afectivo,  terminamos descubriendo que: la nota más valiosa obtenida es la que más horas de estudio implicó, que el partido más recordado fue el que más esfuerzo nos exigió, que las amistades más valoradas son las probadas en medio de la dificultad, y que el amor más deseado fue el que más costó conquistar.

PADRE JAIME HERRERA 2018
2.     Fomentar la devoción a la Virgen María.

La devoción profesada a Nuestra Madre del Cielo va de la mano con el acto de fe dado a Jesucristo: Quien de verdad acepta a Cristo no puede depreciar ni ocultar el amor que Jesús prodigó hacia la Virgen Madre, por lo que la imitación de Cristo  pasa necesariamente por reconocer las grandezas de la Virgen y en recibirla en el corazón de nuestros hogares y comunidades, tal como aconteció en el Calvario: “Hijo ahí tienes a tu Madre…y desde aquella hora el discípulo la recibió en su hogar(San Juan XIX, 27).

Sin duda, tras aquel acto de piedad estaba como preanunciada toda la Iglesia en toda época, que –ahora- en Fátima pedía a los niños la devoción a su Corazón Inmaculado, la consagración de las naciones –especialmente de Rusia- y del mundo a la Virgen, y la comunión reparadora los primeros sábados de cada mes, todo lo cual podemos hacerlo por medio del engaste del Cielo como es el rezo del Santo Rosario. El Papa Juan Pablo II al ser consultado sobre los misterios de Fátima en 1980, respondió que no cediéramos a la tentación del sensacionalismo y curiosidad malsana, para lo cual tomando un rosario en sus manos señaló: “Aquí está el remedio contra este mal, ore, ore, no pida nada más”.

Hoy, cada madre presente recibe un santo rosario de regalo como testimonio del amor que tenemos a cada una de ellas por la delicadeza y entrega irrestricta de su amor, a todo evento, el cual nos ha permitido develar en sus enseñanzas y acciones el rostro del Buen Dios. Sin duda, quien mejor interpreta la voluntad de Dios para un hijo es “la madre que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la delicadeza de sus cuidados”. ¡Que Viva Cristo Rey!”.


sábado, 14 de abril de 2018

El AÑO EUCARÍSTICO NACIONAL


 TEMA  DE  FORMACIÓN  MES  DE  ABRIL  DEL  2018.

Acogiendo la invitación hecha por el Obispo de nuestra diócesis, en vistas a celebrar Año Eucarístico Nacional, luego de treinta y ocho años de realizado el último (1980), disponemos nuestro corazón y mente para profundizar en la persona de Cristo hecho eucaristía en nuestros altares, lo cual sin duda, va a repercutir en innumerables bendiciones al interior de la vida diocesana.

El tiempo de gracia para cada uno y la Patria es la persona de Cristo,  el mismo ayer hoy y siempre. No hay un Cristo del pasado y uno distinto del presente: su mensaje no puede quedar amarrado a una época determinada, ni solo del pasado, ni solo del presente ni solo del futuro, porque “es el mismo” ayer hoy y siempre.

CERRO TORO PARROQUIA PUERTO CLARO
Todo debe procurar hacerse #modo eucaristía, #modo santa misa desde la cual,  emerge y hacia la cual convergen,  toda la vida pastoral de la nuestra Iglesia. Más allá de ser sólo y primariamente una realidad “identificadora”,  la Eucaristía constituye la esencia de la Iglesia, de tal manera que sólo podemos hablar de un genuino espíritu católico desde la participación: frecuente, reverente, ordenada y comunitaria.

Señala un antiguo escrito anónimo ruso que “cuando Cristo se hace presente el tiempo se detiene porque la eternidad ha llegado”. No corresponde entonces hablar del “Cristo de hoy” ni del “Cristo de ayer”, pues con ello se desconoce la presencia permanente que ha tenido a lo largo de dos milenios, en la vivencia de una tradición cuya vigencia y vitalidad hunde su ser en la promesa hecha por Jesús al momento de ascender: “Yo estaré con vosotros todos los días” (San Mateo XXVIII, 20).

Hace un par de años celebramos el “Año de la Misericordia” en la cual el actual romano pontífice invitó a “reencontrar” la misericordia al interior de la vida pastoral de la nuestra Iglesia. Muchas iniciativas hubo. Algunas han perdurado en el tiempo y otras quedaron como buenas intenciones.

Ahora, luego de haber destacado la presencia de Cristo en el prójimo, el Año Eucarístico Nacional apunta a “reencantar” la denominada piedad eucarística, la cual supone el reconocimiento a la presencia “real y sustancial” de Jesús sobre nuestros altares, custodias, patenas, bandejas de comunión  y sagrarios.

En efecto, Cristo subsiste en cada una y en toda la hostia consagrada.A lo largo del ministerio sacerdotal, me ha tocado conocer sólo a una persona que cuestionara la presencia de Cristo en el prójimo, pero he visto sinnúmero de personas que ante el Santísimo Sacramento permanecen indiferentes, no mostrando interés ni deseo alguno de recibirle, evidenciando que la creciente apostasía ya no combate contra Cristo sino que soslaya su presencia como algo irrelevante y no incidente en la vida cotidiana. La creciente secularización se ha nutrido del vacío de nuestros templos y el silencio en nuestros altares.

El Año Eucarístico  debe ser una ocasión de “sacar brillo” a esta devoción centrada –especialmente- en la misma persona de Jesucristo. La piedad a Jesús Sacramentado, que se da en un acto de adoración reverente, antes, durante y después de cada Santa Misa, se asemeja a un cirio que,  aunque se consume en el silencio,  es capaz de irradiar su calor y luminosidad a todo lo que está a su alrededor, del mismo modo, el espíritu reverente y los diversos actos de culto eucarístico necesariamente van a predisponer a una diligente, creativa y amplia manifestación de las obras de caridad, a la que nos invita el Señor en el Evangelio. En consecuencia, la auténtica piedad eucarística se traduce en el amor al prójimo.

Evitando tener una visión nacida del espíritu maniqueo ni desde una filosofía hegeliana es importante distinguir en el presente Año Eucarístico Nacional entre lo principal y lo importante, pues la piedad y la caridad van de la mano, no se excluyen pero son ordenadas. Así dice San Bernardo de Claraval que “la caridad para ser verdadera es ordenada”.

Los mandamientos de Dios son todos importantes, pero los tres primeros se dirigen a la persona misma de Dios, por ello,  las faltas cometidas a este respecto suelen ser graves siempre, no así en lo que se refiere al prójimo y sus bienes, en lo cual puede encontrarse mayor parvedad.

Por tanto, debemos abocar nuestros mejores esfuerzos, la mayor creatividad, y el uso generoso de recursos en orden a realzar la presencia eucarística de Cristo para que sea: más buscado, más descubierto y más vivencializado.

PADRE JAIME HERRERA DIÓCESIS VALPARAÍSO

Para que la Patria se replantee ser una sociedad más fraterna y equitativa es necesario  que mire a Jesucristo, “la piedra que desecharon los constructores es la piedra fundamental” (Salmo CXVII). Una mayor confesionalidad, en Cristo que es el Corazón de la Iglesia, que implica una vivencia más honda y permanente de la fe,  nos hará estar más disponibles y serviciales a todos nuestros hermanos.

De ahí surge el lema dado para este Año Eucarístico: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? (San Alberto Hurtado). La respuesta es evidente. Por esto instituyo en camino para “parecernos a Él” por medio de la oración, los sacramentos y las diversas prácticas de piedad, que tanto bien hacen a nuestra alma. Es tiempo, por lo tanto de: Confesarse, de ir a la Santa Misa con mayor frecuencia, comulgar debidamente  preparados y dispuestos, y –por cierto- hacer apostolado desde cada comunión bien recibida. En realidad, el católico en este mundo nunca será capaz de ahondar plenamente en las grandezas que encierra el misterio eucarístico, celebrado desde aquella Ultima Cena en Jerusalén. “El exceso de la bondad es el menos peligroso de los excesos” (S.S. Pablo VI). La medida del amor es amar sin medida (Concilio de Trento) y eso se experimenta en cada Santa Misa donde el Dios eterno hecho hombre viene en figura de lo perecedero, y nos concede el don inestimable de múltiples gracias concedidas a la medida de la grandeza de Dios y no a la medida de las súplicas del hombre. ¡Dios siempre puede más!

El mejor antídoto para tantas debilidades y miserias evidenciadas a algunas diócesis de nuestra Patria que han quebrado las confianzas, por pecados y delitos, es –una vez más- volver a lo esencial…es decir, a mirar a Cristo en nuestros altares y sagrarios por medio de la adoración, a recibir la comunión frecuente y reparadora de tanto pecado. Así lo recordaba el actual Sumo Pontífice a los Obispos respecto del valor de la oración ante el Santísimo Sacramento: “La primera tarea del obispo es estar con Jesús en la oración. La primera tarea del obispo no es hacer planes pastorales…!no, no! Rezar, esta es la primera tarea. La segunda tarea es “ser testigo, es decir, predicar”…predicar la salvación que el Señor Jesús nos ha traído. Estas dos tareas no son fáciles, pero que son precisamente las que hacen fuertes la columna de la Iglesia. Si estas columnas se debilitan porque el obispo no reza o reza poco, se olvida de rezar; o porque el obispo no anuncia el Evangelio, se ocupa de otras cosas, la Iglesia se debilita, sufre el pueblo de Dios, sufre porque las columnas son débiles” (S.S. Papa Francisco , Capilla de Casa Santa Marta 22 de Enero 2016).

¡Que Viva Cristo Rey!





lunes, 9 de abril de 2018

CULMINANDO EL VÍA LUCIS DE LA OCTAVA


    SEGUNDO DOMINGO / TIEMPO  DE PASCUA.

1   “Estando con las puertas cerradas”.

Las apariciones de Jesús a sus discípulos distan una semana una de otra: en efecto, una fue la tarde de Pascua y la siguiente fue “después de ocho días”. Este relato nos muestra que el don de la fe viene de manera diferente a  personas que son diferentes: Juan, el menor y predilecto del Señor creyó ante la evidencia de la “tumba vacía”; María Magdalena cree cuanto el Señor “la llama por su nombre” ; los discípulos creyeron “al ver al Señor resucitado” comer un trozo de pan; Tomás sólo lo hace “al tocar las manos y costado” del Corazón de Jesús; los peregrinos de Emaús “en la fracción del pan”.   Ellos como cada uno de nosotros somos llamados a creer de diferentes maneras ¡para creer lo mismo! Distintas miradas hacia un mismo origen.

CURA PARROCO DE PUERTO CLARO CHILE

Luego que las mujeres regresaron corriendo a contar lo visto y vivido ante el sepulcro vacío, los apóstoles estaban “con las puertas cerradas” en el cenáculo de Jerusalén. Era obvio, si ya existía al momento del procesamiento de Jesús la sospecha que el impostor condenado tenía varios seguidores, incluso recriminaron a uno que terminó negándolo en tres ocasiones…más, por toda aquella cosmopolita ciudad, porque los sucesos ocurrieron durante los días de la principal fiesta nacional hebrea como era la Pascua, el falso rumor esparcido por los guardias se había diseminado como reguero de pólvora por la ciudad. Esto les hizo ocultarse por el temor a correr la misma suerte del Señor: ser puestos en una cruz hasta morir o desangrados o asfixiados.

Las “puertas cerradas” manifestaban un temor sí, pero también evidenciaban que a Cristo resucitado ninguna  petrea realidad ni una simple llave le impediría su manifestación victoriosa sobre las tinieblas de la muerte que suelen tener el sello de la incertidumbre, de la soledad aún vivida en comunidades, y de la cerrazón que es consecuencia del pecado: “y estando las puertas cerradas donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos (v.19).

El miedo al que se refiere el Evangelista no era menor, por algo lo cita, aún más si es por una razón –también- personal del propio San Juan: todos ellos parecen dejarse conducir por la irreversibilidad humana de la muerte. Temen que el bien obrado por el Señor, que las múltiples gracias concedidas en tantos milagros, que las propias palabras de Jesús anunciando su regreso, simplemente se las hubiese llevado el viento del fracaso.

Las “puertas cerradas” indican temor e ignorancia. En ocasiones es el miedo a quienes detentan el poder en el mundo. ¿Qué pensarán? ¿Qué dirán? ¿Qué harán? ¿Le agradará o tal vez, molestará? Son cuestionamientos que todos alguna vez nos hemos hecho ante una decisión que tomar respecto a quien detenta algún grado de autoridad.

Con excesiva liviandad de juicio y en ocasiones con la facilidad de dejarse formar por la simple información carente de todo acto de discernimiento, terminamos repitiendo como algo nuestro, diversas afirmaciones simplemente por el hecho que “lo dice alguien”, o bien, porque “lo dicen muchos”. Cautivados por la imagen individual o la masa colectiva, nuestros criterios y verdades parecen cambiar según sean los “vientos que imperan”. Frente a las voces tumultuosas preferimos guardar silencio haciendo que Cristo sea nuevamente estigmatizado y la verdad del resucitado sea discriminada por los antidiscriminación. ¿Quién es capaz de responder públicamente la inmensa cantidad de ofensas y amenazas que actualmente hacen al mundo creyente en las Redes sociales diversas personas bajo el pretexto de defender supuestas minorías?

¿Seremos capaces desde la evidencia del Resucitado hacer ver al que se tiene por discriminado y es abiertamente discriminante que el amor vence siempre y puede más que nuestro pecado?

Nuestro Señor entra en los espacios cerrados de nuestra vida.  Ya no se muestra en los sepulcros sino en medio de la vida y de la existencia cotidiana. Es en la Iglesia, donde Jesús escogió hacerse visible, presente y vivo en el mundo actual, por lo que la luz del resucitado ilumina los más ocultos y cerrados espacios del miedo y la ignorancia para hacerlos espacios habitables a la caridad, a la verdad, y a la vida.

¡Abrid las puertas al Redentor! Fue la gran invitación que hace más de tres décadas hacía el Magno Pontífice venido de un país lejano. 

MISA PRIMER VIERNES BOSQUES MONTEMAR

 .     “Paz a vosotros”.

Tal como suele acontecer con las bendiciones del cielo, la iniciativa  la toma el Señor. Es Él quien primeramente saluda con una invitación que cambiará la actitud y vida de aquellos -temerosos apóstoles- vespertinamente presentes: el tradicional saludo semita de Shalom indica que es un regalo del cielo la ausencia de conflictos.

Entonces, ¿qué era la paz para un judío? Primero, era un buen saludo, un buen deseo. Más que ser la simple ausencia de peleas, consistía en un deseo de bienestar amplio, donde el alma esté plena y grata permanentemente. Como procurando decir a todos una realidad que no puede quedar bajo llave: ¡Soy feliz! Una felicidad que abarca toda la hondura de nuestro ser, por lo que no puede poseerse bajo encierro.

Hay tantos “salfates” (+) en la actualidad que contagian tristeza y pesimismo: se gozan en anunciar día a día el nuevo terremoto, la sequía, la inundación, como consecuencias de intrigas. Mas su mensaje es estéril porque sólo gira hacia la desventura, el nuestro, el de los creyentes, el de quienes hemos sido invitados a ver al Resucitado pasa las crisis, supera los pecados y aplaca los males: No lo olvidemos ni callemos: ¡Cristo ha resucitado!

+ Comentarista televisivo nocturno que lucra con anuncios de intrigas palaciegas y catástrofes naturales en Chile.

3.      “Trae tu mano y húndela en mi corazón”.


      DON JAIME HERRERA COLEGIO MONTEMAR


Mas, las palabras no fueron suficientes entonces incluso las pronunciadas por el Señor, como no lo son tampoco en nuestros días y repetidas con insistencia por su Iglesia Santa: por ello dice en plural “les mostró las manos y el costado”, pues toda gracia es de suyo dada en beneficio de todos los bautizados, y lo que uno recibe como don de modo misterioso se comunica en beneficio de toda la Iglesia, en especial de aquellos miembros más debilitados y necesitados de la gracia. Nunca ahondaremos suficientemente en la grandeza del Corazón de Cristo que tuvo la delicadeza de aceptar el desafío que el apóstol Tomás le planteó al momento de procurar hundir su mano en aquel cuerpo ya resucitado. Aquel exigió ver y tocar a Cristo y Él se lo concedió: aún más, Jesús no condena en Tomás su falta de fe, sino que le proporciona lo que le ayuda a crecer en la fe.

Las heridas visibles de su cuerpo ya resucitado confirman que cumplió su promesa y que ha salido victorioso del poder hasta entonces omnímodo de la muerte. De modo misterioso el cuerpo de Cristo es como el nuestro –pero- a la vez, diverso del nuestro: puesto que, por una parte “come un trozo de pescado asado” y por otra “traspasa una puerta estando ésta cerrada”.

Cuatro son las nuevas características del cuerpo humanizado y resucitado del Señor Jesús: “incorruptible, glorioso, poderoso y espiritual”, tal como lo describe el Apóstol San Pablo (1 Corintios XV, 42-44). Hemos de añadir el carácter físico de aquel cuerpo porque el mismo Cristo muerto en Cruz fue resucitado del sepulcro: ¡la misma persona crucificada fue resucitada!

El mandato de continuar la misión de Cristo dada en principio a sus Apóstoles va revestido de una gracia, de un carácter, de un “empoderamiento” –en expresión actual- que les permitirá, si están en plena comunión con Él, actuar realmente “en su nombre”: la autoridad del que es mandado es igual a la del que mandó, así, Dios Padre está totalmente presente en la obra de Jesús; a la vez que nuestro Señor estará plenamente presente en el ministerio de sus apóstoles, por esto: “Sopló y les dijo. Recibid el Espíritu Santo” (v.22).

Sólo en el momento en que Cristo “respira en el alma de sus discípulos” estos se ven con la entereza de abrir las puertas de salir a la calle, y anunciar vivamente la resurrección del Señor:

Hasta ese momento todo era lamento, silencio, pesadumbre y nostalgia paralizante, a partir de aquel encuentro con Jesús Resucitado todo cambió para ellos, pues con resolución hasta el martirio no vacilaron y conjuntamente “se levantaron y pusieron en camino”.

Amén.