lunes, 20 de noviembre de 2017

“VIRGEN PODEROSA”.

NOVENA MEDITACIÓN   /   MES DE MARÍA   /   AÑO 2017.


Hablar de poder hay encierra múltiples cuestionamientos. Con frecuencia se ve el poder como algo nocivo, que –para muchos- es el origen de los males y perversidades de la vida actual.

Mas, de suyo diremos que el poder ejercido con la humildad y la confianza de un creyente puede ser un medio para obtener muchos bienes, espirituales y materiales, toda vez que si acaso, como dice el Evangelio,  “todo poder viene de Dios” entonces, es necesario recibirlo como una vocación particular que Dios concede a quien quiere.
En cada etapa de nuestra vida donde se presente la oportunidad de cumplir una misión ejerciendo el poder hemos de tener clara conciencia que en su búsqueda, consecución y entrega debemos guiarnos por las enseñanzas de Jesús quien señaló que  “no he venido a ser servido sino a servir”.

El que manda debe procurar comportarse como el que sirve, lo que conlleva una serie de virtudes que son necesarias para el ejercicio cristiano del poder. Sin el ejercicio de las virtudes irremediablemente el poder se termina transformando en un abuso.
Hay más alegría en dar que en recibir: La historia nos entrega múltiples ejemplos de quienes alcanzaron la santidad por medio de una vida colmada de virtudes en el ejercicio del poder.

En este día, al comienzo de una nueva semana del Mes de María, recordamos la letanía que dice: “Madre poderosa”, con la cual reconocemos que en virtud de haber sido constituida como la “llena de gracia” y a causa del papel insustituible como medianera universal de toda gracia que cumple en el camino de la redención,  ella todo lo que pide a Dios le es concedido, de modo similar a cómo una súplica materna recibe una respuesta favorable inmediata de un buen hijo.

Cuando los Apóstoles perciben (toman conciencia)  del valor de la oración al ver a Jesús rezar en todo momento, entonces el Señor les dice: “Todo lo que pidan en mi nombre con fe os será concedido”, añadiendo que hemos de implorar “con la certeza que lo solicitado ya nos ha sido ya concedido”.

Entonces, si esto lo aplicamos al valor de la plegaria de la Virgen en orden a obtenernos una gracia especial para cada día de este Mes Bendito, estamos seguros que le será totalmente concedido, pues –como dice hermosamente San Bernardo de Claraval- “nunca se ha oído decir que quien recurriese a la Bienaventurada Virgen María, su oración haya sido desatendida”.

El poder que la Virgen tiene es por participación. Porque ha sido elegida por el mismo Dios para ser reconocida como su madre, y habiendo permanecido tres décadas sujeto a la voluntad de sus padres en Nazaret, podemos decir que no hay una persona que haya sido participe de mayor poder que la Virgen María, y no la habrá por el hecho que solo Ella fue alzada por el Cielo como la Madre del Mesías anhelado y recibido en medio nuestro…! Jesús vino a los suyos y está en medio nuestro como el que sirve!

Por lo anterior, la Virgen María tiene poder porque Dios a Ella no le niega nada, tal como aconteció en el primer milagro realizado por el Señor en las Bodas de Caná de Galilea (San Juan II, 1-12).

Sin duda, una de las características de la maternidad es desvivirse por sus hijos, procurando darles lo mejor en todo aquello que sea posible. El espíritu de sacrificio de las madres llega frecuentemente al mismo heroísmo y en ocasiones hasta el martirio. La Liturgia en uno de sus himnos e imágenes propiamente eucarísticas suele representar a Dios como aquel “pie pelicane” (pelicano bueno) que de sus entrañas es capaz de alimentar a sus crías. Es lo que hace una buena madre, y que la Virgen cumple perfectamente con el encargo dado por su hijo en lo alto del Calvario: “Mujer, ahí está tu hijo” (San Juan XIX, 26).

Desde ese instante en el corazón de la Virgen esta la Iglesia entera, en cada uno de sus miembros bautizados, y cuantos están llamados a serlo, ejerciendo un particular cuidado en vistas al bien espiritual y material de sus hijos: “Semper vivens ad interpellandun pro fillis suis”…Su viva son sus hijos…Su vida es la Iglesia…Su vida somos cada uno.

La maternidad de la Virgen María es el fundamento de su poder: En el plano espiritual, como Reina del Cielo nos obtiene todas las gracias que son más necesarias para alcanzar la eterna salvación. Hay cosas que en ocasiones pueden parecernos necesarias y deseables pero que no necesariamente van a terminar favoreciendo nuestra perfección, nuestro crecimiento en una vida virtuosa, y nuestra llegada al Cielo.

Por eso, dejemos en manos de la Virgen Poderosa lo que sea imprescindible para que nuestra identidad católica recibida en el sacramento del bautismo…Ella nos conoce….Ella sabe lo que es necesario.



La letanía “Virgen poderosa” encierra una riqueza para nuestra vida espiritual, especialmente para estos días del Mes de María.

a). Vivir confiados: El hijo (creyente) de Dios y de la Virgen María, sabe que nada ocurre que Dios no lo permita, y por tanto que su madre no deje de velar por cada uno de nosotros. La nostalgia, el abajismo espiritual no deben tener cabida en el almas de quien se sabe protegido por la Virgen poderosa que todo lo obtiene de Dios Padre Todopoderoso. ¿Confías en Dios? ¡Pues, hazlo –también- en su Madre Santísima¡ Recordemos siempre que la ternura de la Virgen es el terror del infierno, porque por medio de Ella vino al mundo nuestro Divino Redentor.

b). Aprender a rezar el Santo Rosario: Para muchos parece ser la oración de nuestros antepasados y de los que llegan antes de iniciar la Santa Misa…Y es verdad, pero –también- ha de ser importante que aprendamos a rezarlo porque es la oración predilecta de la Virgen –Ella lo dijo en Fátima-…Es la oración predilecta de los Sumos Pontífices –así lo han dicho- …y es una oración que ha sanado enfermedades terminales, que ha convertido almas endurecidas y cegadas por el odio y la mentira, que ha sido más poderosa que las armas y ha evitado guerras. En realidad, es el arma mariana más efectiva que está puesta en nuestras manos e inserta en nuestros corazones.

Oración: “Virgen poderosa que con tu pie aplastas la cabeza de la serpiente tentadora: Haz que cumpla día tras día la promesa bautismal de rechazar a Satanás, a sus obras y seducciones, y sepa dar al mundo un ´gozoso testimonio de esperanza cristiana. Te pido, Madre Buena, que con el pode que Dios te ha dado, me acompañes al caminar y no me dejes solo nunca, así el mal nunca tocará mi alma, porque no puede acercarse a ti. Poderosa Madre y Reina del Cielo y de la tierra, cúbreme con tu manto bendito, bendíceme y lléname de gracia, para parecerme más a ti, fortalece mi fe para que yo pueda decir si a la voluntad de Dios como tú lo hiciste y a la hora de mi muerte llévame al gozo eterno del Cielo”. ¡Que Viva Cristo Rey!

                                                     




domingo, 19 de noviembre de 2017

“MADRE DEL SALVADOR”

 MEDITACIÓN SÉPTIMA / MES DE MARÍA / AÑO 2017

1.     La Virgen en el Salvador es salvadora.




El canto con que habitualmente terminamos cada Santa Misa, y que entonan con tanto fervor, está dedicado a la Santísima Virgen. En parte del estribillo dice: “Madre del Salvador”. Esta denominación reza una de las letanías lauretanas dedicadas a María.
El nombre de Jesús significa “Salvador”, y lo encontramos al menos unas 540 veces repetido a lo largo de  la Santa Biblia. En efecto, una vez que Jesús nació en Belén, el Ángel del Pesebre les dijo a los pastores: “Les traigo una gran alegría, que es para todo el pueblo, pues os ha nacido hoy un salvador que es el Mesías Señor” (San Lucas II, 10).  
La expresión “salvación” es fundamental en toda la Sagrada Escritura. Ella, en todo momento dice relación con el acto de “escapar” o de “ser liberado de un peligro”, que de suyo es considerado como una realidad importante y nociva, puesto que encierra un cierto grado de peligro de muerte.

Sabiendo que como consecuencia desde el pecado original cometido por nuestros primeros padres, entró el mal en el mundo, uno de los cuales es el sin fin de cadenas que atan nuestra alma. Pues bien,  la primera y mayor esclavitud de la que debemos ser rescatados es la del pecado, las cuales  son  aquellas ofensas conscientemente cometidas que ofendan a Dios y terminan afectando a la sociedad.

En efecto, cuando el pecado anida en nuestro corazón reina la tristeza, la división, y la mentira. Por ello,  es necesario salir de esa realidad por medio de la recepción frecuente del sacramento de la confesión. 

Nada hay más urgente para nosotros y los demás que permanecer en estado de gracia de Dios o recuperarla una vez que la hemos perdido a causa de un sólo pecado grave.

Un gran santo devoto de la Virgen María fue Santo Domingo de Guzmán. Hacia el año 1208 se encontraba  predicando en la región de Languedoc (Francia), al interior de una pequeña localidad donde no sacaba ningún provecho aparentemente: Apatía, frialdad, persecución, desconfianza, desenfrenos, y sobre todo, persistentes herejías.

Todo ello provocó en el corazón de Santo Domingo un espíritu de desolación, ante lo cual, como creyente que era, una vez más suplicó a la Santísima Virgen.

La respuesta no tardó. Llegó prontamente.  Y, la Virgen le respondió que su oración predilecta era el Santo Rosario y el rezo del Ave María. Así lo hizo, y prontamente se puso a rezarlo, obteniendo –con ello- numerosas conversiones y descubrió que las controversias puestas a los pies de la Virgen simplemente desaparecían.

Es que una madre siempre procura que sus hijos vivan inmersos en la verdad despreciando la mentira, una madre en todo momento desea que los hijos permanezcan unidos en la confesión de una misma fe. ¡Qué bien viven los hijos así! Para ello es necesario “mirar juntos lo mismo” y “vivir del mismo espíritu” practicando con plena fidelidad y sin recortes antojadizos aquella fe recibida en el bautismo.

Nuestra Señor por medio de su Pasión y Muerte nos ha salvado y liberado de la culpa del pecado.  Nuestra culpa hizo subir a Cristo en la cruz, su gracia desde allí nos perdonó pagando con su sangre el precio de nuestra libertad.      
                                                  
Por ser Madre de Dios, es Madre de Cristo que nos salva…entonces, con toda propiedad  la llamamos -bajo el título de su misión en medio de nuestro- como: “La Madre del Salvador”.

En el momento cumbre en la cumbre (del Calvario), hay un antes y un después en la realidad del pecado y de la gracia. Allí se ejecuta la redención del hombre donde Jesús paga a Dios Padre por cada uno de nosotros, por eso une a su Madre en el misterio “perdonador” y “sanador”.  Santa María asiste a su Hijo y Dios al pie de la Cruz: Le acompaña, le anima, le fortalece de manera eficaz y en silencio. En ese momento es corredentora, es decir salva con su Hijo, redime con su Hijo, ama con su Hijo.

Un discípulo de Santo Domingo, en un hermoso texto señala “cómo la plenitud de la gracia aumentó en la Virgen considerablemente en los diversos misterios de la vida de Jesús,  y cuando asistía y comulgaba en la Santa Misa de san Juan”. (“La Madre del Salvador y Nuestra Vida Interior”, de Reginald Garrigou-Lagrngr, O.P página 131). Si en Ella, la realidad del mismo sacrificio  del Calvario y de la misa,  le obtuvieron tantas bendiciones, ¿cuántas no dejaremos de recibir si acaso somos fieles y piadosos a todo este Mes Bendito?

Nuestros actos de piedad se diferencian respecto a quien lo tributamos: A Dios, a la Santísima Virgen, a los Ángeles, a los Santos. El amor a Dios Padre,  Hijo y Espíritu Santo es primero y único, es un acto de adoración –pues solo Dios es adorable- al que llamaremos “culto de latría”; el acto de veneración dado a la Virgen es “muy especial” por ello lo llamamos “hiperdulía”, y el tributado a los Santos y ángeles es de “dulía” (particular, especial, específico), por la grandeza de sus virtudes.  

El amor dado a la Virgen nos aparta efectivamente del pecado, nos aleja de la tentación, y nos incita a realizar -como espontáneamente- más obras de caridad, sin que cueste en demasía dar de nuestro tiempo y de nuestros bienes. La Virgen nos invita a ser generosos con todos y en todo lo que se refiera a buscar la salvación de los demás.

Cada uno de nosotros le fue encomendado a la Santísima Virgen por Jesús desde la Cruz cuando dijo: “Mujer ahí está tu hijo, y el apóstol la recibió en su hogar”. ¡En este mes completo recibimos a la Virgen María en nuestro corazón!


2.     ¿Cómo ayudar en la salvación de nuestros amigos y familiares?

a). Participando de los sacramentos: Cuando uno viaja en avión las azafatas le dicen a los pasajeros que van con niños que primero se coloquen el oxígeno los adultos y luego lo hagan a los niños ¿Por qué? Porque una persona no puede rescatar a otra en medio de una emergencia sin acaso no está seguro de poder hacerlo. Dice Jesús que “un ciego no puede guiar a otro ciego, pues ambos caerán a un hoyo”. De modo similar hemos de comulgar pidiendo por nuestra salvación primero, e inmediatamente por la de los demás, entendiendo que mientras más cerca estemos del Señor en la Santa Eucaristía obraremos mejor con el prójimo. ¡Cercanos para acercar y testigos para testimoniar!

b). Rezando por ellos: Si Dios nos da esta oportunidad tan hermosa de tener la Santa Misa y el rezo del Mes de María de manera diaria, es porque nos quiere mucho, y por tanto, espera mucho de cada uno de nosotros.

Recordemos que la Misa es como una “explosión de bendiciones” que Dios da al mundo entero. Todos los días podemos rezar por un familiar, un compañero, un amigo, o un vecino…por alguien que necesita de esa plegaria. Tan simple como hacer una lista diaria de intenciones…y finalizaremos este Mes de María habiendo rezado por muchos de ellos. ¡El rezo del Ave María acorta la distancia del cielo a la tierra!

c). Ofreciendo sacrificios: Durante este Mes de María, podemos aprender a sacrificarnos en pequeños detalles por la salvación de nuestros amigos. Pensemos que si estuviera de nuestras manos evitar que un compañero de curso quede repitiendo, qué cosa no dejaríamos de hacer para que ello no ocurriera. Quizás,  haber puesto más atención en clases, no haber distraído en la sala al que le iba mal, haber hecho el esfuerzo de estudiar en grupos. Por otra parte, en este Mes Bendito hemos de ayudar más en la casa en las labores propias del hogar, toda vez que se debe notar que quienes rezamos, comulgamos, también leemos en la Santa  Biblia que “Jesús no vino a este mundo a ser servido sino que vino a servir”.

d). Organizando actividades novedosas: Aquí aplicamos el criterio distinto al de los aviones…usamos ejemplo  de los barcos que se hunden…Si…”los demás primero“ al momento de subir a los botes, esto quiere decir que,  nuestros “gustos” y “ganas” expuestas ante la salvación de los demás se deben posponer por el bien superior que es la salvación del alma.

Recordemos que el “apostolado del alma es el alma de todo apostolado”, por lo que nuestro tiempo lo colocamos al servicio de acercar a nuestros amigos a Jesús, a la Virgen  y a nuestra Iglesia. Y lo haremos de modo creativo buscando oportunidades, para insertar el deporte, la acción, con la piedad y el espíritu de sacrificio.

Recuerden que el mejor apóstol de los niños, son los mismos niños; que el mejor apóstol de un joven es otro joven que no se avergüence de manifestar en primera persona su identidad de católico, no a la manera de sí mismo sino a la manera de Cristo y de su Iglesia. ¡El católico a su manera no es católico!

Finalmente, acudamos confiadamente a los pies de la imagen de la Virgen María, Madre de este  Salvador que si salva, que si redime, que si nos da la gracia de la verdadera libertad ¡Que Viva Cristo Rey!
      
      




“VUESTRAS OBRAS OS PRECEDERÁN”

 HOMILÍA MISA EXEQUIIAL  /  SRTA. VANIA MELINA  ARAYA  /  NOVIEMBRE  2017



Queridos hermanos: Don Alberto Godoy Jiménez y doña María Araya de Godoy; estimadas: Eyleen, Yennifer, Melani; y Matías. Queridos miembros del Colegio Alberto Hurtado.

Hace unos días veíamos por televisión la entrevista del hombre más anciano del mundo, que vive en Chile. Al ser consultado sobre cómo había llegado a cumplir casi ciento veinte  años. Respondió que para ello tomaba un vaso de Coca Cola al día. Si fuese tan fácil vivir tanto tiempo ¿Por qué no hacer todos lo mismo? Ciertamente, hace falta tener algo más que una gaseosa no para vivir más años sino para tener vida verdadera.

Bien sabemos que no es importante la cantidad de años que se cumplan sino la capacidad de fidelidad con Dios lo que valoriza –finalmente- nuestras acciones y palabras, tal como leemos en la Santa Biblia: “Vuestras obras os precederán”…”por sus frutos los conoceréis” (San Lucas VI, 43-44). En efecto, “en el atardecer de nuestra vida seremos juzgados por el amor” (San Juan de la Cruz).

Por una parte está el anhelo por alcanzar una vida trascendente y por otra la inminencia de constatar diariamente lo perecedero de nuestras acciones, las cuales en el contexto de los que son nuestros días insertos en el universo,  no pasan de ser un instante. Bellamente señala el salmista que nuestros días son como “flor del campo” (Salmo CIII, 15) un día está y al siguiente ya ha partido.

Todo lo que perciben nuestros sentidos es perecedero, tienen un comienzo que tempranamente indica su término. Las evidencias de nuestra vida pasajera son múltiples, una de las cuales es la que experimentamos al contemplar los ecos de la partida de un ser querido, con todo lo que ello implica.

De pronto, cuando creemos lo que por todas partes se nos anuncia, en orden a realizar nuestra vida como para definitivamente instalarnos en este mundo que pasa, despertamos y constatamos que realmente no es así, y que nuestra vida es un caminar breve que pasa por la apertura de la puerta que deja entrever la realidad que hoy nos ha convocado a este lugar sagrado: rezar por el eterno descanso de un ser querido.

Múltiples cuestionamientos surgen en nuestro corazón a esta hora. Asumiendo que no iremos un segundo antes ni después de lo que el Señor disponga, entendemos que no hay una época determinada para partir de este mundo, pues dependiendo de dónde nacemos hay más posibilidades de vivir más tiempo, de hecho hay treinta años más de vida en un continente en relación al que tiene menos y,  quienes llevamos un tiempo generoso en esta querida comunidad parroquial de barrio,  hemos visto en dos décadas morir a recién nacido, a niños pequeños, a adolescentes y jóvenes como es el caso de nuestra hermana Vania. Sin duda, los padres y mayores siempre pensamos partir antes que las generaciones que nos anteceden.

Es un hecho que hoy asumimos, pues,  la voluntad de Dios nos habla con la partida de la joven Vania, en orden a centrar nuestra vida en lo que no pasa de moda, en lo que no tiene límites, en lo que no tiene duración, es decir,  en el amor de Dios que siempre puede más, y que ha vencido de una vez para siempre el aparente poder omnímodo de la muerte.

Si hermanos: La muerte no tiene la última palabra, porque Cristo la venció al resucitar al tercer día y mostrarse vivo en medio nuestro,  tal como lo hizo ante sus discípulos el primer día de la semana.

Cada uno de los que estamos aquí podemos vernos reflejados en la actitud de quienes al tercer día del episodio del calvario vieron el sepulcro vacío: ellos “vieron y creyeron”, sus vidas tuvieron un cambio definitivo. Las dudas, las tristezas, los temores quedaron atrás una vez que vieron al Señor y le dejaron entrar en sus vidas, no de manera figurada sino “real y substancial” tal como acontece en cada celebración eucarística.

De modo especial, lo constatamos en el episodio de los jóvenes peregrinos de Emaús que develan su desazón ante los acontecimientos de aquel Viernes Santo…”van tres días y nada ha pasado y nada ha pasado”. Hoy, hemos visto transcurrir varios días desde que nuestra hermana salió de su hogar, y las lágrimas de dolor sólo pueden cambiar en nuestros ojos por la esperanza de la bienaventuranza prometida por Jesús en vistas a que “todo aquel que crea con fe vida vivirá para siempre”.

En la habitación de Vania hay un crucifijo artesanal, salido de las propias manos de ella. Un día en sus manos sostuvo este sencillo pero elocuente signo, que antaño fue de dolor y sufrimiento y que teniendo a Cristo pendiente en él se nos muestra como “estandarte de victoria” y “árbol de la vida” perenne.

Desde la cruz entendemos la vida humana en todos sus misterios, puesto que  Jesús es quien descifra nuestras dudas y responde a cada una de nuestras inquietudes. Por eso, con fuerza repetía Santa Teresa de Calcuta que “cuando una persona sufre no es alguien a quien Dios abandonó sino que es alguien en quien Dios habló”.

Y, ahora nos habla en vistas a edificar nuestras vidas colocando la presencia de Jesús y su Palabra en el primer lugar y en todas nuestras actividades. El Señor  no quiere ser un peregrino o forastero más que llegue ocasionalmente a nuestra vida,  sino que quiere “permanecer unido a nosotros”. ¡Huésped,  no visita!

Jesús nos habla para que aprendamos a crecer juntos en la fe, con el fin que su luz irradie lo más recóndito de nuestra conciencia e impregne con su fuerza tantos rincones de nuestra sociedad en los cuales  el nombre de Cristo permanece casi proscrito.

Asumamos a esta hora el desafío de dar a conocer un estilo de vida nuevo, donde nuestra realización pase por la gradual configuración con la persona de Jesucristo, hasta poder decir un día, junto con el Apóstol San Pablo: “Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas II, 20).

Así, revestidos de los sentimientos y acciones del Señor,  la pretensión de alzar un mundo separado de Dios será superada por la humilde pero perseverante confesión de fe que nos hable en la vida presente de aquella que es para siempre.

Entonces, el hecho de “pensar en el cielo” y “en la vida eterna” no es marginarse de la actualidad, como evadiéndola y menospreciándola,  sino, por el contrario, es darle su real importancia y trascendencia, hasta descubrir que en cada jornada, que en cada acción se juega nuestra eternidad, tal como nos recordaba el fundador de nuestro Colegio, San Alberto Hurtado: “La vida fue dada para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo y la eternidad para poseerlo”.


En medio de esta búsqueda cada creyente está llamado a ser apoyo para los que vamos de camino, particularmente a los más débiles, a los más enfermos, a los más lejanos, haciendo realidad la invitación del Señor que “no vino a ser servido sino a servir” (San Marcos X, 45).

Nuestra hermana Vania, por la que rezamos hoy, fue presidenta de curso, para lo cual, en todo momento,  tuvo una actitud proactiva para lo cual: colaboraba en cuanto taller podía, organizaba diversos eventos, donde su identificación con el Colegio Alberto Hurtado estuvo signada por el espíritu de servicio que para ella fue permanentemente un imperativo.

Invoquemos a la Virgen María, ante cuya imagen patronal celebramos nuestra Misa de Exequias, y en cuyo manto protector de Nuestra Señora del  Perpetuo Socorro fue incorporada al sacramento del bautismo, que goce de la paz de los bienaventurados, tenga el Señor misericordia de sus faltas, y conceda consuelo espiritual a sus familiares y amigos que tan numerosamente –con tanta piedad y respeto-  la han querido acompañar con su plegaria y sacrificios en este día. ¡Que Viva Cristo Rey!

SRTA. VANIA ARAYA ( QEPD  +14/11/2017)






sábado, 18 de noviembre de 2017

“MADRE CASTÍSIMA”

 MEDITACIÓN SEPTIMA / MES DE MARÍA / AÑO 2017

1.     Tratando bien a nuestra Madre del Cielo.

Llevamos doce días celebrando el Bendito Mes de María. En él, diariamente restamos honrando a la Virgen con las denominadas “Letanías Lauretanas”, las cuales son peticiones dialogadas que datan de los primeros siglos del catolicismo. Desde el amanecer de la vida de la Iglesia se ha reconocido a la Virgen María por la grandeza de sus virtudes pues fue constituida por Dios como la “llena de gracia”.

Estas alabanzas comunitarias, que son 44 directamente relacionadas con una denominación a la Virgen, etimológicamente letanía viene del termino griego “litaneia”, que significa “súplica, peticiones o rogativas”. Estas las podemos dividir según se destaquen en la Virgen María: su santidad, su maternidad, su virginidad, su ejemplaridad, y su mediación.

Entonces, por su santidad decimos: Santa María, Santa Madre de Dios, Santa Virgen de las vírgenes…por su maternidad decimos: Madre de Cristo, Madre Virginal, Madre del Creador, Madre Castísima, Madre Virginal, Madre Inmaculada, Madre Amable, Madre de la Divina Gracia, Madre Purísima, y Madre del Salvador…por virginidad decimos: Virgen Digna de alabanza, Virgen Clemente, Virgen Fiel, Virgen Prudentísima y Virgen Poderosa….por su ejemplaridad decimos: Espejo de Justicia, Trono de Sabiduría, Causa de nuestra alegría, Vaso Espiritual, Rosa Mística, Torre de David y Casa de Oro…por su mediación: Arca de la Alianza, Puerta del Cielo, Estrella de la Mañana, Salud de los Enfermos, Refugio de los Pecadores, Consuelo de los Afligidos, Auxilio de los cristianos…por su realeza universal: Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos, Reina concebida sin pecado original, Reina elevada al Cielo, Reina del Santísimo Rosario, Reina de la Familia y Reina de la Paz.

PARROQUIA PUERTO CLARO VALPARAISO CHILE 2017


Hoy nos detenemos en una virtud de la Virgen María: la castidad perfecta, la cual está unida indisociablemente a la caridad. Recordemos que las primeras enseñanzas de Jesús, dado en el marco del Sermón de la Montaña, dijo: “Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”.

Así, si verdaderamente permanecemos  cercanos al Señor, si procuramos serle fieles, la vivencia de la castidad en nuestra vida y sociedad será una realidad posible, pues nace del amor a Dios y se fortalece del amor en Dios.

El proyecto que Dios tiene para nosotros es que seamos santos, lo cual se obtiene por medio de una vida donde los dones dados por Dios y las virtudes que nos permite alcanzar,  sean el “tono” de nuestros ambientes donde “nos movemos y existimos”.

La castidad es una virtud que ha de ser vivida tanto por “casados” como por “solteros”, pues apunta a la perfección de la naturaleza humana. Así lo ha entendido la Iglesia por lo que a lo largo de su historia de dos mil años, el Magisterio no ha dejado de practicar la virtud de la castidad unida a su fuente y fruto que es el amor de Dios.

Entre los santos encontramos a varias parejas de matrimonios que fueron elevados a los altares: San Joaquín y Santa Ana; la Virgen y San José, los padres de Santa Teresa de Liseaux, Luis Martin y Marie-Zelie Guerin, cuya fiesta litúrgica celebra la Iglesia no en su fecha de muerte como es lo habitual, sino en la del día -12 de Julio- que contrajeron matrimonio religioso. Pr tanto, no hay que ingresar a un convento para la real vivencia de la virtud de la castidad, como la vivió la Virgen María en el día donde la honramos como la “Madre Castísima”.

Es que “purísima debía ser la que en sus entrañas portase al Autor de la salvación del mundo, toda vez que constituida “llena de gracia” fue revestida de toda virtud en todo momento de su vida. En su alma en ningún momento hubo atisbo de imperfección o maldad, por ello tuvo una particular amistad con Dios la cual fue fortalecida por la vivencia de la santa pureza…sin la cual no hay caridad verdadera. Un antiguo refrán dice que “una mano lava la otra” para explicar la conveniencia de ambas, de modo similar acontece respecto de la “caridad” y la castidad”…No se da una,  sin la otra…Donde está una,  está la otra…Se pierde una,  y se extravía la otra.

La falta de castidad en la vida tiene consecuencia en nuestra vida espiritual: ceguera de espíritu, la inconsideración, la precipitación, la inconstancia, el egoísmo, el odio a dios, el apagamiento a reste mundo, el disgusto hacia el mundo futuro (San Gregorio ;Moralia I, 31c.45).
Una existencia donde reine el desenfreno moral que esté en contradicción con la voluntad de Dios sin duda constituye  un serio obstáculo para comprender las realidades sobrenaturales. Cuando nuestro cuerpo lo hacemos enemigo del alma es a la vez enemigo de Dios. Entonces, siempre tengamos presente que la castidad es posible porque a la vez es necesaria.

¿Qué medios tenemos para vivir la virtud de la castidad hoy?

a). “Determinada determinación”: Esta expresión es de Teresa de Ávila. Implica querer con firmeza colocar los medio necesarios y oportunos para aceptar las caídas, hacer los propósitos de enmienda y eventuales reparaciones a los daños causados. Sin endiosar la fuerza de voluntad hay que procurar poner por obra lo que sea necesario para llevar una vida pura. No somos impecables pero si estamos llamados a ser intachables en el estado de vida que por vocación hemos optado.

“Siempre ha sido tenida en la más alta estima por la Iglesia, como señal y estímulo de la caridad y como manantial extraordinario de fecundidad espiritual en el mundo” (Lumen Gentium, número 42).

 CERRO TORO VALPARAÍSO  PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE


b). Apoyarnos en los medios de la gracia. Dios nos ha colocado diversos medios para tener una amistad con el y permanecer unido. Así la oración, la lectura de la santa biblia, la comunión frecuente, la confesión sacramental con armas que nos defienden de toda tentación que tienda a hacernos pensar que el instinto tiene la última palabra en nuestro actuar. No. La última palabra en todo y siempre la tiene Dios.

c). Ahora es el tiempo de esta virtud: San Agustín de Hipona recuerda que en un tiempo de su vida le pedía a Dios la virtud de la castidad pero no “al tiro”, no es instantáneo…”las virtudes no se alcanzan expeditas ni rapiditas son –más bien-  lentitas pero no lentejas…, “tenía miedo que Dios lo oyera demasiado pronto” y seguía cegado por tantas tentaciones consentidas. El cambio es ahora, por lo que no debemos buscar atajos para obtenerla. Por eso la mortificación de los sentidos de la vista e imaginación es fundamental implementarlo sin postergación, porque la mayoría de las faltas con tra la castidad nacen por la vista y recuerdos. De la imaginación (la mente es como la loca de la casa que va de un lugar a otro sin saber nada).

d). Organizar bien nuestras actividades: El ocio es la madre de todos los vicios: Las actividades propias de la vida, trabajo, labores en el hogar, estudio, deporte, de suyo cuando se procura hacer de la mejor manera posible, ocupan nuestro tiempo casi en su totalidad. Mas, el dejar espacios sin hacer nada conlleva al “ocio vicioso” que oscurece nuestros propósitos.

Imploremos en este octavo día del Mes Bendito de la Virgen, donde la reconocemos como la “Madre castísima” que nos permita valorar tantas vocaciones de servicio a los más necesitados y caridad engastadas bajo el afluente de la castidad, la cual día a día colocamos espiritualmente en la patena de nuestros altares como ofrendas preciada a los ojos de Dios. ¡Que Viva Cristo Rey!

     

    

martes, 14 de noviembre de 2017

“MADRE DEL CREADOR”.

MEDITACIÓN  SEXTA   /   MES  DE  MARÍA   /   AÑO  2017

¿Cuándo hablamos de crear? …Primero cuando nuestros padres fueron dóciles a la voz de Dios y nos llamaron a la vida;  cuando un artista “pinta” una obra original; cuando se escribe un texto;  cuando se dice –por extensión- respecto de una edificación de relieve que permanece en el tiempo. Algo “creado” no dice relación sólo con lo nuevo sino –también- con  lo único.

Siempre que el hombre hace algo, por novedoso que sea, hay que tener presente  que Dios, a quien con propiedad y en exclusiva se le aplica el carácter de creador, pues hace todo de la nada. El hombre sólo puede hacer “creativo”  de elementos preexistentes, no así en el caso de nuestro Dios, quien es el único a quien podemos llamar “creador”.

El Rey David se portó muy mal con Dios, por esto reconoció que después de pecar “me vi reducido a la nada”, por lo que la salvación obtenida por el sacrificio de Jesús en la Cruz, aplicado a nosotros, realmente es como una nueva creación.

El perdón de Cristo, dado en el bautismo y la confesión sacramental  hace del hombre una nueva creatura.

Cuando decimos a la Virgen María que es la “Madre del Creador”,  recordamos el misterio de la Santísima Trinidad. Un solo Dios tres personas divinas distintas. Único e indiviso. Así, la Virgen es Madre de Cristo en todo su ser: su divinidad y su humanidad. Si Cristo es uno solo, entonces, María ha de ser reconocida como la Madre del Creador.

PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE

Sin duda es un misterio que nuestro Dios creador haya permitido ser creado en su naturaleza humana, por lo que requirió de una madre que le dio la naturaleza humana y el cuerpo de hombre. Cuántas veces encontramos parecido un hijo a sus padres, en el caso de Jesucristo, por el hecho de haber recibido la carga genética sólo de la Virgen María,  deducimos que el rostro de Jesús ha de haber evidenciado mayormente las diversas características del rostro de la Virgen Madre…mirada, tono de voz, tez, color del pelo, color de ojos. Todo en Jesús habla de su Madre, y todo en la Virgen María habla de Jesús.

Para quienes se acercaban al Señor era fácilmente perceptible descubrir en su rostro el de su Madre, verificando perfectamente aquella antigua expresión “a Jesús vamos por medio de María”.

Cada uno de nosotros sabe perfectamente que fueron nuestras madres quienes nos enseñaron a caminar, a decir las primeras palabras, a rezar, a crecer en virtudes, a buscar la santidad.  El “parentesco” de la Virgen con la Trinidad santa es único: Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo.

La Santa Biblia enseña que “por medio de Jesús fueron hechas todas las cosas y sin Él no se hizo nada de cuanto existe” (San Juan I, 3). Esto nos lleva a tener presente que así como la Virgen es la Madre de Cristo…y como por El y en El fueron creadas todas las cosas, entonces, María Santísima verdaderamente toma parte en la obra de la creación.
La maternidad de la Virgen María es ejercida igualmente porque su hijo y Dios, Jesucristo, nos obtuvo la salvación al morir en la cruz y resucitar al tercer día. A lo largo de toda su vida, nuestro Señor destacó la presencia y poder de intercesión de la Virgen, la cual en esta “segunda creación” como es la redención del mundo, puede ser llamada con toda propiedad como la Madre del Creador, que hizo y rehízo todas las cosas.

Recordemos que cuando “Dios hizo de la nada todas las cosas” en el Antiguo Testamento leemos: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, es la misma expresión que luego tomamos al inicio del Nuevo Testamento, en momentos que el Arcángel Gabriel le anuncia a María que será la Madre de Dios, a lo cual la Virgen responde “! Hágase en mi según tu palabra!”.

Con ello la Virgen colabora eficazmente en devolver al hombre su perfección original. Sin el primer “hágase” nada habría existido; sin el segundo “hágase” el hombre habría permanecido sumergido en la oscuridad del pecado.

Debemos esforzarnos por tener una plena amistad con Dios, es decir, en estado de gracia, para que inmersos en la  obra creada por  Dios,  vivamos a “imagen y semejanza” suya, procurando  vivir unidos a Él procurando llevar una vida santa.

a). Amor a Dios Creador: Así como de manera especial amamos a nuestro padre y nuestra madre porque “nos trajeron al mundo”, de modo semejante amamos a Dios primero y sobre todo porque nos hizo (creó) de la nada. El solo hecho de existir es –para nosotros- fuente de alabanza a Dios, porque un día pensó en cada uno, y nos creó, y si existimos hoy es una prueba que Dios nos sigue amando. Cuando en la liturgia nos arrodillamos para saludar al inicio y fin de la Santa Misa, como a lo largo de la consagración, tengamos en la memoria las palabras del salmista: “Venid, arrodillémonos por tierra bendiciendo al Señor Creador nuestro(Salmo XIVC, 6)

b). Admiración y cuidado de la creación: Es curioso verificar cómo el pecado frecuentemente nos hace olvidar las grandezas que hay a nuestro alrededor en el universo y la creación. ¡Todo parece malo, todo parece feo! Un alma creyente sabe descubrir con gozo la mano de Dios en toda la creación, tal como sostuvo Santa Teresa de Los Andes: “Todo lo que veo me lleva a Dios”. Este mes aprendamos a mirar y agradecer lo que Dios ha puesto en nuestras manos para cuidar y hacer producir por medio del trabajo bien hecho. Salmo XIL: ¡Qué magnificas son tus obras, Señor!”.
San Francisco de Asís solía decir: Si las cosas que vemos son inmensas…las altas montañas, los abismos del mar…la fragancia, colorido y variedad  de la vegetación…Si todo es bueno, “Aquel que lo ha hecho de la nada es infinitamente mejor”…Si ello es bueno, Dios es mejor.

c). Aversión al pecado: El relato de la creación nos recuerda que el hombre y la mujer fueron creados por Dios en el día sexto, como coronación de la obra creada, por lo que hemos de ejercer un dominio sobre las cosas, excluyendo todo abuso y maltrato de la obra hecha por Dios…Nuestras manos no pueden destruir lo que las manos de  Dios no dejaron de crear, y en nuestros días de cuidar providencialmente.
 IGLESIA PUERTO CLARO CHILE


En este tercer día del Mes bendito de María, honramos a la Virgen como Madre del Creador implorando que nuestro trabajo, que nuestro estudio, que nuestro deporte, y que nuestra diversión  estén a la altura  de lo que Dios quiere para nosotros y para el mundo ¡Que Viva Cristo Rey!

PARROQUIA PUERTO CLARO CHILE